¿Tienes una cuenta?
Inicia sesión para finalizar tus compras con mayor rapidez.
Un biomecánico de Valencia lleva años avisando: la fascitis mal tratada activa una cadena silenciosa que sube por el cuerpo. El caso de Antonio, jubilado de 64 años, es solo un ejemplo entre miles.
Antonio Ramírez, 64 años, cada mañana durante 14 meses. Fotografía: cedida.
Cuando conocí a Antonio Ramírez el pasado enero, llevaba 14 meses caminando como si tuviera clavos en los talones. Es albañil jubilado, 64 años, de un pueblo de la sierra de Madrid. Había ido a cinco especialistas distintos. Había gastado más de 2.100€ en plantillas, infiltraciones y sesiones de fisioterapia.
Y aún así, seguía sin poder subirse al coche sin agarrarse a la puerta.
Lo que descubrí investigando su caso me dejó con más preguntas que respuestas sobre cómo se está tratando el dolor crónico de pies en España. Esto es lo que encontré.
Empezó una mañana cualquiera. Me levanté, apoyé el pie derecho en el suelo y sentí como si me clavaran un cuchillo de hielo en el talón. Pensé que había pisado mal. Antonio Ramírez
Al día siguiente, igual. Y al otro. Y al otro.
Antonio fue al médico de cabecera. El diagnóstico llegó en menos de diez minutos: fascitis plantar. La receta también: ibuprofeno, plantillas ortopédicas de 190€ y "estire el gemelo por las mañanas". Antonio hizo todo lo que le mandaron. Durante cuatro meses.
No mejoró. Empeoró.
Al quinto mes, empezó a dolerle la rodilla derecha. Al octavo, la cadera.
Yo no entendía nada. Iba de médico en médico y todos me decían que eran cosas distintas: fascitis, artrosis de rodilla, tendinitis de cadera. Nadie me contó que estaba todo conectado. Antonio Ramírez
Antonio hizo lo que hace mucha gente cuando el sistema falla. Se metió en internet. Buscó durante semanas. Y en un foro de traumatología encontró un párrafo que le heló la sangre.
"Cuando la fascitis no se trata a tiempo, el cuerpo compensa. La compensación sube por la rodilla, la cadera y termina llegando a la columna. En algunos casos, la pérdida de movilidad es permanente."

Esa noche no durmió. Su mujer lo encontró en el sofá a las tres de la madrugada, llorando por primera vez en cuarenta años de matrimonio. Cuando le preguntó qué pasaba, Antonio le dijo la frase que llevaba semanas dando vueltas en su cabeza:
Voy a acabar en una silla. No voy a poder coger en brazos a mi nieto. Antonio Ramírez, a su mujer
Esa misma semana, buscando en YouTube, Antonio dio con la entrevista de un médico que le cambió el rumbo. El Dr. Ricardo Serrano, biomecánico con 22 años de experiencia en la Clínica Podomedic de Valencia, explicaba en menos de tres minutos algo que ningún médico le había contado a Antonio en 14 meses.
El 90% de mis pacientes con fascitis plantar crónica no tienen un problema en la fascia. Tienen un problema en la bomba muscular del pie. Dr. Ricardo Serrano
El Dr. Serrano lo explicó despacio. Los músculos intrínsecos del pie —los pequeños, los que casi nadie conoce— se atrofian con la edad y con la mala circulación. Cuando eso pasa, la fascia se queda sin soporte y empieza a inflamarse. Ahí empieza el dolor de talón.
Pero eso solo es el principio.
Como duele al pisar, cambias sin darte cuenta la forma de andar. La rodilla compensa. La cadera compensa. Y la columna paga la factura. Esto tiene un nombre: cadena de compensación descendente. He visto pacientes perder la autonomía por completo en 18 meses cuando no se corta a tiempo. Dr. Ricardo Serrano
Y entonces el Dr. Serrano dijo la frase que a Antonio le hizo pegar un puñetazo en la mesa:
¿Por qué ningún médico te lo cuenta? Porque no está en su modelo de negocio. Un paciente crónico de fascitis vale, entre plantillas cada temporada, infiltraciones, consultas de seguimiento y fisioterapia, entre 1.800 y 3.200 euros al año. Un paciente que se cura en su casa en ocho semanas no vuelve. Dr. Ricardo Serrano
Contacté por email con el Dr. Serrano para verificar sus declaraciones. Me confirmó los datos y añadió una frase que resume mucho:
El sistema no está diseñado para curar. Está diseñado para gestionar. Dr. Ricardo Serrano
Estas eran las opciones que le habían ofrecido en 14 meses de peregrinaje médico. Y lo que ningún médico le había propuesto en todo ese tiempo:
El Dr. Serrano explicaba en el vídeo que para que un pie así se recupere en casa hay que hacer tres cosas a la vez, todas las noches, quince minutos:
Cinco niveles entre 40 y 65 °C que calientan la fascia, dilatan los capilares y aumentan la circulación del pie hasta un 300%.
Una correa de velcro envuelve el pie de forma firme, sujeta el arco y devuelve movimiento a los músculos que sostienen la fascia.
Tres niveles de intensidad que penetran en la fascia y estimulan los músculos intrínsecos del pie sin cargar peso.
Quince minutos al día. En seis u ocho semanas, la fascia se descomprime, los músculos vuelven a sostener el arco y la cadena de compensación se apaga sola. Dr. Ricardo Serrano
Al final del vídeo, el Dr. Serrano mostraba el dispositivo que usa con sus pacientes en clínica. Se llama TheraPie. Combina las tres tecnologías en una sola unidad doméstica.
Cuando Antonio me contó todo esto, decidí probarlo yo misma. Llevo ocho años de dolor lumbar por trabajar sentada diez horas al día como periodista, y en los últimos meses había empezado a notar los talones cargados. Pedí un TheraPie y lo usé cada noche durante 21 días, mientras seguía el caso de Antonio.
Los datos que registré con la app de salud del móvil hablan por sí solos. Antes de empezar, mi dolor de talón matinal era de un 7 sobre 10; a los 21 días bajó a un 1. Los pasos diarios subieron de 3.240 a 8.920. Dormía cinco horas y veinte minutos de media; pasé a siete horas y cuarenta. Y dejé de tomar analgésicos por completo.
No dependes de una periodista de salud para creértelo. Están ahí los números.
Mientras yo probaba, Antonio empezó el suyo el 3 de febrero. Estas son las notas que me pasó, semana a semana:
Semana 1. El primer día ya bajé de la cama sin agarrarme al cabecero. Dolor de 8 a 5 sobre 10.
Semana 2. Anduve 40 minutos por el parque. Sin sentarme. La primera vez en un año.
Semana 3. Cogí a mi nieto Marco en brazos. Lo levanté sin pensarlo. Mi hija me pilló llorando en la cocina.
Semana 6. Dolor cero. Rodilla, cero. Cadera, cero. Todo tranquilo por primera vez en más de un año.
Semana 8. El médico de cabecera me hizo revisión y me preguntó, literalmente: "¿Qué has hecho? Esto no lo veo en 30 años." No le contesté. Antonio Ramírez, diario personal


Antonio en enero (izquierda) y en marzo, ocho semanas después (derecha). Fotografías: cedidas por la familia.
Nota editorial: este artículo se actualizó por última vez el 8 de septiembre de 2026.
Volví a hablar con Antonio hace una semana. Sigue sin dolor. Ha vuelto a andar por el monte los domingos, cosa que no hacía desde 2022. Y ha pasado algo que no esperaba: su hermano Julián, 69 años, también lo está usando. Julián llevaba tres años con neuropatía diabética. Hormigueo constante, sensación de electricidad en los pies, pérdida de sensibilidad.
Al principio pensé que estaba loco. Un aparato para los pies no me iba a curar la neuropatía. Pero mi hermano insistió. A las seis semanas volví a sentir los dedos por primera vez en años. Julián Ramírez, hermano de Antonio
El dispositivo se distribuye directamente en España a través de la web oficial del fabricante. En el momento de publicar este artículo, mantiene un descuento de lanzamiento y aceptan pago contra reembolso, lo que —según los propios usuarios que consulté— ha sido una de las razones principales para atreverse a probarlo sin miedo a engaños.
Enlace directo al fabricante · Sin intermediarios